Melba Hernández Rodríguez del Rey, nació el
28 de julio de
1921, en
Cruces, antigua provincia de
Las Villas,
en una familia de estirpe mambisa. Se graduó de abogada en la Facultad
de Derecho de la Universidad de La Habana en 1943 y licenciada en
Ciencias Sociales.
Militó en el
Partido Ortodoxo.
Participó activamente en las luchas contra la tiranía batistiana y formó parte del movimiento revolucionario dirigido por
Fidel, integrando el grupo de héroes que participó en la toma del hospital provincial
Saturnino Lora.
Fue detenida y sancionada a seis años de prisión en la cárcel de
Guanajay. Melba, junto a
Haydée Santamaría fue conducida desde el
aeropuerto de Columbia hasta el
Reclusorio Nacional para Mujeres de Guanajay. En un carro del
Servicio de Inteligencia Militar (SIM), fuertemente escoltado fueron conducidas hasta el penal.
Fue destinada al Bloque A, donde se encontraban las reclusas de
mejor conducta, según había dispuesto el tribunal que la consideró presa
política y la condenó a siete meses de prisión
[1].
En un pequeño almacén de la planta baja, junto a la cocina se le
habilitó la celda que compartiría con Haydée. En la celda improvisada se
les habilitaron cuatro espacios: uno para dormitorio, uno para cocina,
otro para comedor y un último donde se instaló el baño.
Durante el encierro fue autorizada en algunas ocasiones a recibir
personas amigas y se le permitió tener todos los libros que deseó, pero
se le mantuvo todo el tiempo incomunicada, con la sola compañía de
Haydée, y sólo podía tomar el sol en el patio los días que la visitaban
sus familiares. En términos generales fue tratada de forma humana y
cortés durante todo el tiempo que pasó en el Reclusorio Nacional para
Mujeres de Guanajay.
Melba, junto a Haydée, salió en libertad el
20 de febrero de
1954. La esperaron en las afueras del Reclusorio, para conducirla a La Habana, sus padres, los padres de Haydée y su hermano
Aldo,
Juan Manuel Martínez Tinguao,
Luis Conte Agüero y los revolucionarios de Guanajay,
Ángel Eros,
Pedro Esperón y
Evelio Prieto, quienes luego formarían parte del comando que asaltó el
Palacio Presidencial el
13 de marzo de
1957. El primer acto que hicieron tanto Melba como Haydée fue llevar una ofrenda floral a la tumba del líder ortodoxo
Eduardo Chibás.
Casi inmediatamente después del excarcelamiento participó en la
impresión y distribución del manifiesto "A Cuba que sufre", en el cual
Fidel y sus compañeros de presidio patentizaban su decisión irrevocable de continuar la lucha contra el régimen de
Fulgencio Batista. Jugú un papel decisivo junto a
Lidia Castro
y Haydée Santamaría, en la recopilación y organización de las notas que
Fidel iba logrando sacar de la prisión, escritas con zumo de
limón y en la cual reconstruía su alegato en el
juicio del Moncada, que luego sería conocido como
La historia me absolverá, así como en su posterior impresión y distribución clandestina.
En carta del
18 de junio de
1954,
Fidel le encomienda a Melba y Haydée hacer el mayor esfuerzo y
concentrar los recursos en la impresión de La Historia me absolverá.
Peso a peso logran acumular una cantidad de varios centenares para poder
editar el manuscrito. En esta tarea se apoyan en el contador
José Valmaña Mujica, quien se encarga de organizar todo el trabajo clandestino de la impresión
[2].
En mayo de 1955 participó en la reunión celebrada en el barco “El
pinero”, que trasladó a los amnistiados desde Isla de Pinos, y donde,
bajo la dirección de Fidel, se decidió el nombre de 26 de julio para el
movimiento revolucionario. Integró su primera Dirección Nacional.
Con una pequeña parte del dinero recaudado y cumpliendo orientaciones de Fidel, Melba partió hacia
México para hacer contacto con el grupo de asaltantes del
Moncada
que allí se encontraban en el exilio. La llegada de Melba con ayuda
económica alivió la precaria situación económica que estos padecían.
Durante el viaje, Melba pudo comprobar la labor de captación y
penetración que realizaban los elementos priístas dentro de los
exiliados del
Movimiento 26 de Julio. La revolucionaria obtuvo copia fotostática de una carta en la que el expresidente
Carlos Prío Socarrás calificaba a los miembros del 26 como elementos peligrosos y orientaba su penetración.
El
26 de julio
de 1954, luego de su regresó a Cuba, encabezó junto con Haydée una
manifestación que es agredida por las fuerzas policiacas de la dictadura
en el
cementerio de Colón.
Lucha insurreccional
Integró la Dirección Nacional del
Movimiento 26 de Julio, en
México participó en los preparativos de la expedición del
Granma y despidió el 25 de noviembre de 1956 a los combatientes en el puerto de
Tuxpan.
Más tarde se incorporó al
Ejército Rebelde en las filas del
Tercer Frente Mario Muñoz Monroy, dirigido por el Comandante
Juan Almeida Bosque.
Tras el triunfo de la Revolución desempeñó importantes
responsabilidades, entre ellas Presidenta del Comité Cubano de
Solidaridad con Vietnam del Sur primero, y después de
Vietnam,
Cambodia y
Laos; miembro del
Presidium del Consejo Mundial de la Paz; Secretaria General de la
Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL); embajadora de Cuba en la República Socialista de Vietnam y en
Kampuchea, y directora del
Centro de Estudios sobre Asia y Oceanía.
Fue fundadora del Partido y miembro de su Comité Central desde el
Tercer Congreso, así como diputada a la Asamblea Nacional desde
1976 hasta
1986, y elegida nuevamente desde
1993.
Falleció en
La Habana en la noche del domingo
9 de marzo de
2014, como consecuencia de complicaciones asociadas a la
diabetes mellitus, enfermedad que padeció durante muchos años
[3].
Atendiendo a su voluntad, su cadáver fue cremado y sus cenizas custodiadas transitoriamente en el
Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
El
29 de julio de
2014 sus cenizas fueron trasladadas al
cementerio de Santa Ifigenia,
siendo depositadas en el Mausoleo de los Mártires de la Revolución,
donde descansará junto a sus compañeros caídos en la gesta del
Moncada. Sus restos fueron colocados en uno de los nichos del panteón próximo al de su hermana de lucha,
Haydée Santamaría[4].
Por sus relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones y
órdenes nacionales e internacionales, entre los que destacan los títulos
honoríficos de Heroína del Trabajo y Heroína de la República de Cuba.
En el año
2006 se le otorgó el título de Doctora Honoris Causa, del
Instituto Superior de Relaciones Internacionales.