Federación de Mujeres Cubanas

martes, 28 de febrero de 2012

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo

miércoles, 1 de febrero de 2012

Gertrudis Gómez de Avellaneda: Tula, Amor y poesía

"No existe lazo ya; todo está roto;

plúgole al cielo así; ¡Bendito sea!
Amargo cáliz con placer agoto:
mi alma reposa al fin: nada desea."


Por todos los méritos alcanzados a través de su fecunda obra, por su eterno amor por Cuba, es que hoy, a 139 años de su desaparición física, quiero recordar y honrar a esta eminente escritora.
Corría el año 1814 en la vetusta ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe. Era justamente el 23 de marzo. En la casona marcada por el número 22 de la calle de San Juan, vio la luz ese día la poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda.
Nacida en una época difícil, sobre todo para una mujer con sus aspiraciones, sus inquietudes y su posición ante la vida, Tula, como también se le conoció, dejó inscripto su nombre en el parnaso de esta tierra, de Cuba y de toda la hispanidad.
Su vida estuvo marcada por el dolor desde los tempranos años de su juventud; la muerte de su padre trajo a su existencia, quizás, la necesidad y el encanto de las letras, aunque cuentan que desde niña era rebelde y caprichosa, como suelen ser los artistas.
Aunque nació en Cuba, fue en España donde alcanzó fama mundial la joven de cuerpo esbelto y bien conformado, de ojos negros grandes y rasgados, de una bella y frondosa cabellera oscura.
La Peregrina se hizo llamar una vez instalada en el país ibérico, como para dejar bien claro su condición de cubana, demostrando el orgullo que sentía por su Patria adorada
Casi todos los géneros literarios fueron incursionados por la destacada poetisa cubana, entre los que se incluyen novelas, obras de teatro, y comedias. Dentro de éstas también hay que incluir sus artículos, las cartas…
En la labor teatral dio a escena el drama Munio Alfonso, y posteriormente, El Príncipe de Vania, triunfos que le hicieron merecedora de ser propuesta para ocupar un sillón en la Real Academia Española, pero su condición de mujer no le permitió lograrlo.
En los brillantes escritos dejados por ellas están plasmados su carácter y naturaleza, lo que nos hace sentir el valor inapreciable hacia la mujer, hacia la poetisa, hija de un capitán de navío español y de una cubana, que falleciera en España el primero de febrero del año 1873.

Al Partir
¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo,
la noche cubre con su opaco velo
como cubre el dolor mi triste frente.
Voy a partir… La chusma diligente
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.
¡Adiós, patria feliz!, ¡Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído.
Ah, que ya cruje la turgente vela,
el ancla se alza, el buque estremecido
las olas corta y silencioso vuela.

A…
No existe lazo ya; todo está roto;
plúgole al cielo así; ¡Bendito sea!
Amargo cáliz con placer agoto:
mi alma reposa al fin: nada desea.
Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:
¡Nunca si fuere error la verdad mire!
¡Que tantos años de amargura llenos
trague el olvido, el corazón respire!
Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
una vez y otra vez pisaste insano;
mas nunca el labio exhalará un murmullo
para acusar tu proceder tirano.
De grandes faltas vengador terrible
dócil llenaste tu misión, ¿lo ignoras?
No era tuyo el poder que irresistible
postró ante tí mis fuerzas vencedoras.
Quísolo Dios y fue: gloria a su nombre;
Todo se terminó: recobro aliento;
¡Ángel de las venganzas! Ya eres hombre.
Ni amor ni miedo al contemplarte siento.
Cayó tu cetro, se embotó tu espada…
Mas ¡ay! ¡Cuan triste libertad respiro!
Hice un mundo de ti que hoy se anonada,
Y en honda y vasta soledad me miro.
¡Vive dichoso tú! Si en algún día
ves este adiós que te dirijo eterno,
sabe que aun tienes en el alma mía
generoso perdón, cariño tierno.